DISEÑAR UNA NUEVA ORGANIZACIÓN Y REPLANTEAR RUTINAS PARA ADAPTARNOS



Vivir un contexto de pandemia es una situación atípica, podríamos decir que nadie lo esperaba y a muchos nos tomó de sorpresa. Han pasado varias semanas y conforme pasa el tiempo nuestras actitudes cambian y nos reconfiguramos en la medida que vamos tomando conciencia de la magnitud y el significado de este cambio en nuestra vida. Ha cambiado nuestra forma de consumir, de trabajar, de estudiar, de comunicarnos. El cambio se respira en todos lados.

A pesar de ello, pareciera que nuestra mente se aferra al pasado, a lo cómodo que nos sentíamos viviendo el día a día de manera rutinaria. Y eso es totalmente comprensible, ya que el cerebro tiende a automatizarse para ser más eficiente y ahorrar energía. Sin embargo, el cambio llegó sin avisar y ahora nos corresponde frenar “la maquina” y realizar algunos ajustes.

Para comenzar sugiero reconocer nuestros apegos; situaciones o aspectos de nuestro estilo de vida anterior a la pandemia, los cuales añoramos y creemos que se tienen que mantener a pesar del cambio. Por ejemplo, el apego a realizar las compras con frecuencia, a comer cada vez que tenemos el impulso de hacerlo, a que nuestros hijos tengan la misma cantidad de horas de clase que cuando asistían al colegio, a la independencia que sentíamos cuando trabajamos fuera de casa o mientras nos quedamos a solas en ella. Cada uno puede tener diferentes apegos, lo importante es reconocer que no podremos sobrepasar los desafíos del nuevo contexto si mantenemos el apego al pasado.


Luego, deberíamos comprender que cada familia tiene una historia y dinámica diferentes y por esto deberíamos diseñar una estrategia de adaptación a la medida. Para ello, un punto de partida podría ser aceptar que tendremos que realizar cambios significativos en nuestras rutinas para ser más funcionales; reconocer que hoy el aprendizaje fundamental es lograr la adaptación y que éste demandará de nosotros flexibilidad de pensamiento y cambio de hábitos.



En la práctica lo podríamos hacer así:
  • Conversar y coordinar en casa. Definir cuáles son las responsabilidades, actividades, tareas que debe realizar cada miembro de la familia. Por ejemplo, trabajo de oficina, aprendizaje en línea, tareas escolares, preparación de los alimentos, compras, orden, limpieza, etc.
  • Distinguir cuáles se realizan de forma individual y con autonomía y cuáles, en colaboración. Un aspecto importante en este punto es procurar la repartición equitativa de tareas del hogar.
  • Organizar el tiempo y sincronizar actividades. En lo posible, tratar de que las actividades que se realizan de forma individual y con autonomía coincidan en el mismo horario y destinar unas horas a las actividades compartidas como el acompañamiento en las tareas escolares o las de mantenimiento del hogar.
  • Hacer un horario a partir esta organización y publicarlo en un lugar visible para todos los miembros de la familia y respetarlo. En caso, una primera propuesta de horario no funcione, evaluar y replantear. Recordemos que estamos en un contexto de cambios y necesitamos practicar la flexibilidad en todo momento. Una vez que encontremos las estrategias que nos funcionan, las adoptaremos y poco a poco se convertirán en nuestras nuevas rutinas.
  • Finalmente, recordar siempre ser tolerantes y empáticos para cuidar la armonía.


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